¿Quién soy y de dónde vengo?


La pregunta de Nausica

Cuando Odiseo (Ulises) se despierta desnudo y mojado en la Isla de los Feacios, luego de naufragar, se le acerca la princesa Nausica que con gran temor le pregunta "¿Quién eres y de dónde vienes?" Luego de la respuesta, la princesa lo lleva al palacio real ante la vista de su padre, el rey. El cual vuelve a hacer la misma pregunta al divino Ulises. Gran parte de la Odisea es la respuesta que da Ulises al Rey. Lo extraño de la pregunta es que siempre se formula de la misma forma. Nunca el "quien eres" está separado de "de dénde vienes": Es una sola pregunta que se responde en conjunto. Nombre y procedencia van de la mano. 

Esto ilustra una verdad innegable: no podemos responder a la pregunta por nuestra identidad sin responder a la vez de dónde venimos. Somos, en definitiva, el camino recorrido.

Seres históricos. Seres en el tiempo. No somos el curriculum que tenemos, ni los títulos que ostentamos, tampoco somos lo que parecemos. Estamos hechos de historias así como "las uvas están hechas de vino", diría Galeano. 

Es por eso que voy a hacer un intento en los párrafos que siguen de responder a las preguntas de Nausica:

Mis primeros años

Nací en Buenos Aires en el seno de una familia de fuertes creencias religiosas. Mi infancia transcurrió en un barrio de Villa Sarmiento en el partido de Morón. Recuerdo aun con cierta claridad las tardes después de la escuela jugando a la pelota con mis amigos e la cuadra o en los baldíos que había dejado a su paso las topadoras que allanaban el terreno para el Acceso Oeste. 

Desde chico leí mucho. Las tendencias religiosas de la familia hicieron que en casa el único libro que existía era la Biblia y algún diccionario biblico. Libro que comencé a leer sistemáticamente en la escalera de mi casa a los 8 años. De mesita usaba un cajón e manzanas y apoyaba un ejemplar allí y comenzaba mi lectura. Recuerdo un viaje a Córdoba que hice en tren donde durante las nueve horas de viaje leí la mitad del libro del Génesis. 

Con el tiempo logré leerla completa recién a los quince años, y en el transcurso de los próximos 5 años la leí otras cuatro veces en diferentes versiones. Esto lo aprendí de mi abuelo que le gustaba comparar traducciones de la biblia. Aun guardo la biblia de mi abuelo en mi biblioteca, una versión de la CEI en italiano.

Cuando contaba con unos diez años la crisis económica Argentina llevó a mi papá a tomar la dura decisión de viajar a Europa solo. A los tres meses viajamos mi mamá y mis hermanos aun pequeños todos y vivimos durante tres meses en unas casas rodantes. Mi papá supo reencuadrar esa experiencia otrora extraña diciendo "no sabes que lindo cuando llueve escuchar las gotas en el techo". Supo crear una aventura donde otros hubieran visto un problema. Hasta el día de hoy cuando llueve puedo recordar esas palabras de mi papá. 

Fui a la escuela en Italia y aprendí muchísimo. Conocí a un amigo de mi papá que había sido Teólogo y me encantaba estar con él y preguntarle sobre los idiomas originales en los cuales se había escrito la Biblia. Me fascinaba el mundo, la mitología, el idioma, y el pensamiento de los griegos. 

Volvemos a Buenos Aires, mismo barrio, misma casa del fondo. El eterno retorno de lo igual.

Mis interesen rondaban entre la pelota  en los potreros con mis amigos de la cuadra y la lectura. Afinidad que compartía con mi mejor amigo David Federuzzi. Con él teníamos largas conversaciones sobre teorías físicas, la naturaleza del tiempo, la naturaleza de las cosas, el universo y sus leyes, Dios y, obviamente las chicas. No todo era ciencia y filosofía. Teníamos una gran picardía aunque él la escondía detrás de sus gruesos anteojos; yo, por otro lado, no tenía dónde ocultarla. 

David no tuvo el mejor de los finales. Le diagnosticaron trastorno bipolar a los 21 años, lo que lo llevó a estar medicado psiquiátricamente. Decidió hacer uso de su voluntad de no existir a los 29 años. Lo recuerdo en mi mente. En esa época de infancia y adolescencia no había celulares y las fotos eran escasas. No tengo fotos con él.

Cuando comencé la secundaria prefería irme caminando para poder ahorrar algunas escasas monedas con las cuales compraba algún libro de mi interés. El primero que compre fue el Discurso del Método de René Descartes. Me resultó sumamente complejo e ininteligible pero lo terminé.

Pero más que filosofía mis intereses estaban en la historia, yo veía en la biblia un libro antiguo e histórico con lo cual me resultaba de mucho interés la historia el pueblo judío.

Un día mi tío recibió de un cliente el libro La Guerra de los Judíos de Flavio Josefo. Literalmente me lo devoré. Leí durante tres meses ininterrumpidos ese libro voluminoso que databa del primer siglo. Me impresionó saber cómo fue la conquista de Jerusalén en manos del General Tito Vespasiano.

Mi influencia

Mi abuelo fue una persona muy interesada en lo espiritual y gran parte de su vida se encontró en la búsqueda de lo trascendente. Una persona de una fe fuerte e inamovible que llevó consigo hasta el día de su muerte. Su vida influyó profundamente en mi, ya que inculcó en mí el deseo y la curiosidad por cultivar una actitud investigadora, llena de valores como la verdad, la nobleza. Era una persona que sabía hacer reír, solía tener mucho sentido del humor hasta en los momentos más críticos de su vida, cuando se apagaba con unos escasos sesenta años podía animar y sacarle una sonrisa con sus chistes a cualquiera. 

En esa época crecían mis intereses por la psicología y la filosofía. Tuve dos ratones blancos de mascota se llamaban Sócrates y Platón. Dato de color que uso solo para ilustrar mi afinidad con la filosofía. Ambos eran machos, Platón se comió a Sócrates en una riña territorial, hecho que me marcó. Con el tiempo comprendí las influencias sincrónicas de ese hecho deleznable de canibalismo. De alguna forma en la historia de la filosofía sucedió lo mismo. Sócrates fue devorado por la filosofía de Platón. Los escritos platónicos del corpus son al principio bien socráticos, tienen ese tinte dialógico y cuestionador, pero con el tiempo el Sócrates de los diálogos de madurez y vejez se parecen más a Platón que al mismo Sócrates. 

Una decisión difícil

En este período me casé y me divorcié. Me junté y tuve un hermoso hijo que a la actualidad cuenta con ocho años de edad. Santino es un ser majestuoso.

De una bondad sin igual y de una inteligencia deslumbrante. Ama, como yo a la misma edad, jugar a la pelota, aunque debo reconocer que su habilidad supera con honores la mía a la misma edad. Es un ejemplo de tenacidad, diligencia y disciplina.

Santino y yo, año 2014
Santino y yo, año 2014

Volviendo un poco en el tiempo, me gradué de la carrera de filosofía en una de las universidades estatales más importantes de Latinoamérica, entre mis profesores estuvieron grandes filósofos y helenistas. Sin embargo, mi paso por la facultad de filosofía y letras de la UBA me hizo reflexionar en que la filosofía de poco sirve, si solo es un cúmulo de saberes abstractos y alejados de lo humano.

Poco antes de comenzar a cursar la carrera mi familia decide irse a Europa nuevamente. Mi papá me ofrece irme con ellos pero yo declino la invitación y decido quedarme en Argentina. Esta decisión forjó mi carácter. Con unos 19 años vivía solo y tenía que arreglármelas para trabajar, subsistir y estudiar.

Fue el período más interesante de mi vida, de mucho descubrimiento. La vida me agarró "adulto" de golpe. Pero me permitió abrir mis alas y aprender a desplegarlas. Es increíble que ya hayan pasado poco más de dos décadas desde aquella decisión.

Desarrollo de un pensamiento propio

No puedo separar mi pensamiento de mis saberes. Estoy plagado de eclecticismo. La religión comparada, la historia, la filosofía me atraviesan de diversas maneras y me compenetran.


Pero, sin embargo es en mis años de facultad que me doy cuenta que en tanto nominalización "la filosofía" no es más que un abanico variopinto de teorías que buscaban sostener un gran edificio de explicaciones, mientras que el acto de filosofar, por el contrario, le devolvía la vida al devenir prístino de la reflexión y el cuestionamiento honesto.

Pensar el filosofar como acto me llevó a querer devolverle a la filosofía el fluir de la acción, lo vivo, lo vital, lo propiamente humano. Rehabilitando así el poder del cuestionar y refutar las formas agotadas de existir que nos tienen sometidos y aprisionados. Mi investigación formal llevó unos 5 años y desembocó en el libro Psicagogía, el arte de guiar almas. Donde desarrollo a través de seis ensayos los conceptos que sostienen mi práctica.

Es durante este período que comienzo a preguntarme por la emergencia de la filosofía como un intento de hacerse cargo de la angustia y el sinsentido. La filosofía como acto surge porque necesitábamos explicaciones nuevas a preguntas sobre la existencia y el futuro. Filosofamos porque nos quisimos sacudir las cadenas sempiternas de los dioses que pergeñaban nuestro futuro a su antojo para diseñarlo nosotros mismos. La filosofía nos abrió los ojos para darnos cuenta que el cielo y el Olimpo están en nuestro interior. Nosotros somos los dioses creadores de nuestra propia vida.

¿Qué sucedía si lográramos volver al antiguo filosofar como forma de cuestionarnos para perfeccionar nuestro arte de vivir? Pierre Hadot así como Michel Foucault me brindaron algunas respuestas. Sin embargo, faltaba aún.

Me daba cuenta, que no bastaba con cuestionar, que muchas de las creencias incorporadas eran muy difícil de erradicar, había una comprensión consciente de las mismas, de lo que ocurría, el consultante entendía bien, comprendía lo que era más útil para él, pero por alguna razón seguía repitiendo compulsivamente lo mismo: elegir las mismas relaciones, responder de las mismas maneras, encontrar una y otra vez en las mismas oscuridades, y ver como el eterno retorno de lo igual se imponía descaradamente para darle una bofetada de realidad.

Cómo se escribió psicagogía

Esto me llevó a investigar no solo la filosofía y la sofistica del siglo V sino cómo es que sucedían los procesos de sanación emocional y psíquico, que permitían a una persona romper con las ataduras del pasado, en una época donde los psicólogos ni terapeutas existían. En ese contexto aprendo hipnosis clínica de la mano de Edgar Etkin, en el instituto Milton Erickson de Buenos Aires, incorporándola como técnica complementaria a la práctica filosófica. Logré ver en la hipnosis la antigua práctica de la incubatio que se ejercía en el templo de Epidauro y que permitía que los sacerdotes de Asclepio facilitaran la sanación.

A la alquimia del refutar y cuestionar filosófico y la técnica hipnoterapéutica denominé Psicagogía, termino que tomé en préstamo de los escritos de Platón, en un intento de resucitar una añeja y desusada palabra griega, que tiene el bello significado de Guiar el Alma. Esta amalgama exquisita genera un efecto deconstructivo en el individuo. En más de una ocasión vi como mis consultantes podían atravesar el caos primordial de sí para dar creativamente con una nueva forma de mirar la vida. Vi cómo separaban las tierras de las aguas, cómo podían dividir la luz de las tinieblas, y como luego de sus "seis días creativos" podían descansar de sus obras y declarándola "muy buena".

En los últimos años mi investigación se volcó a la mitología porque considero, al igual que muchos que me precedieron, como por ejemplo Mircea Eliade y Carl G. Jung, que la mitología, nos busca "religar" con algo más grande que nosotros mismos. Esta hunde sus raíces en el alma humana y busca proyectar el inconsciente en imágenes arquetípicas con el fin de que podamos vernos a nosotros mismos. En este sentido considero a la psicagogía una forma de guiar el espíritu humano.

Si bien, me he formado en diversas disciplinas como la PNL, el Coaching Ontológico, psicoanálisis freudiano, la terapia sistémica y gestáltica, hoy considero que mi ejercicio no se inscribe en los cánones tradicionales, aunque no los excluye. 

En tanto eterno buscador y aprendiz sigo investigando, en cada investigación entro en la díada caos-creación deconstruyéndome. Desde esa constante hendidura ejerzo mi humilde lugar de contribuir despojado y desnudo de toda pretensión de sabiduría a guiar el alma al encuentro consigo misma. 

En la actualidad

Si bien durante casi trece años me dedique a la consultoría tanto a nivel organizacional como político. Hoy me dedico a la enseñanza de la filosofía, la mitología, la hipnosis ericksoniana y a los procesos psicagógicos

Mis intereses espirituales van por otros caminos. La psicología transpersonal y la religión comparada son los mares profundos donde estoy navegando. 

Mantengo la pregunta siempre abierta de cómo hacer para que aquello que investigo se convierta en un saber útil para otros. De la misma forma que un árbol no se alimenta de su fruto ni el sol se alumbra a sí mismo, lo que hago tampoco creo que sea para mi, en definitiva servimos a otros, muchas veces sin saberlo. 

Conclusiones inconclusas

Somos seres históricos. Seres en el tiempo. No podemos separar lo que somos de las vivencias y los recuerdos que poseemos. Somos lo que elegimos ser en los actos y decisiones llevadas a cabo. Esta breve historia solo intenta responder a la incómoda e inconclusa pregunta quién soy de forma rudimentaria, es solo un intento, ni completo ni del todo lineal. 

Es una historia aun abierta, y permanecerá así, la muerte solo interrumpirá el devenir de la existencia, nadie concluye la vida, nadie puede darle un cierre, solo podemos prepararnos para que sea interrumpida. Aun faltan muchos capítulos por escribir, mucho por vivir y aprender. 

¿Cómo se irá completando la historia? No lo sé. La vida es un constante descubrir y sorprenderse. Todos los días es un regalo que me propongo desemvolver. 

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